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Una campana, una cuerda y veinte risas: empieza el recreo.
María
3 reseñas
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Autor
María
Categoría
Infantil > Educativos
ASIN
B0FR9523TS
Publicado por
Reseñalos
"De vuelta a la infancia"
Es un libro de lectura ligera que te transporta a la infancia. Me ha gustado mucho, ya que sentí que volvía a revivir mis años de colegio cuando jugaba con mis amigos en los recreos. Muchos de esos juegos eran parte de nuestros momentos compartidos. Me hubiese gustado un poco más de narrativa, tal vez historias más extensas, antes que el formato tipo instrucciones, ya que en ocasiones sentía que estaba leyendo un recetario. A pesar de eso, es muy fácil de leer. Casi no te das cuenta de lo que vas avanzando hasta que miras los números de las páginas. Una muy buena lectura para aquellos que quieren recordar su infancia. También es ideal para niños y jóvenes que quieran nuevas ideas para el recreo.
"Un libro necesario para la infancia"
Este libro no habla solo de juegos. Habla de una manera de estar en el mundo que, sin darnos cuenta, se va perdiendo. Saltar la comba, jugar al escondite, dibujar la rayuela en la vereda, correr hasta escuchar los propios latidos del corazón. La autora recorre cada juego paso a paso, pero lo hace desde un lugar íntimo. No se limita a decir cómo se juega, sino qué se siente al jugarlo: la ansiedad antes de que te encuentren, la alegría de ganar, la frustración controlada, la complicidad con los amigos. A medida que uno avanza, no solo entiende los juegos, sino que empieza a recordar los propios. El libro despierta una memoria que no es solo mental, sino corporal: el cuerpo casi recuerda cómo saltaba, cómo corría, cómo se escondía. Es un libro para leer con los hijos, pero también para regalar, para guardar y volver a leer para despertar viejas emociones. En una época dominada por las pantallas, esta obra funciona como un recordatorio delicado de que la infancia puede ser otra cosa: un espacio de juego real, de vínculos, de descubrimiento.
"Volver a jugar de verdad"
Hay libros que no se leen solo con los ojos, sino con el cuerpo y la memoria. Este fue uno de ellos. Desde las primeras páginas sentí una mezcla de nostalgia, alegría y ganas inmediatas de levantarme de la silla. Cada capítulo es como abrir la puerta a un recreo eterno, de esos donde el tiempo no importaba y la risa mandaba. Me sorprendió lo fácil que es reconocerse en sus escenas: las carreras, las reglas inventadas, los tropiezos, las carcajadas compartidas y esa felicidad sencilla que hoy parece tan lejana. La lectura es ágil, cercana y muy visual. No hay prisas ni artificios, solo el placer de recordar y de imaginar a niños (y adultos) volviendo a moverse, a jugar y a conectar sin pantallas de por medio. Me gustó especialmente cómo transmite la emoción del juego colectivo, esa sensación de pertenencia y de libertad que se queda contigo incluso al cerrar el libro. Es una invitación sincera a recuperar lo esencial y a compartirlo con otros. Un libro que se disfruta, se revive… y dan ganas de poner en práctica.