Descarga el PDF/ePub, lee el libro y gana 30 puntos por una reseña interna.
Una campana, una cuerda y veinte risas: empieza el recreo.
María
5 reseñas
Opciones de lectura:
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí
Autor
María
Categoría
Infantil > Educativos
ASIN
B0FR9523TS
Publicado por
Reseñalos
"Volver a la niñez"
Me ha encantado volver a mi niñez. Vas leyendo el libro de una forma fácil, rápida, sencilla para entenderlo los niños... La verdad es que es genial para las familias. Primero como digo, para volver a recordar la niñez de hace años cuando salíamos a jugar con amigos o a descubrir nuevos y todo el mundo se sabía los juegos populares y disfrutábamos muchísimo en la calle. Y segundo para enseñárselo a nuestros hijos, sobrinos, nietos... enseñarles cómo jugábamos entonces y aprovechar a ponerlos de nuevo en práctica. Me ha traído muchos recuerdos además con los dibujitos. Eso sí, echo de menos que no estén a color. Seguro que da para hacer otro libro con más juegos.
"De vuelta a la infancia"
Es un libro de lectura ligera que te transporta a la infancia. Me ha gustado mucho, ya que sentí que volvía a revivir mis años de colegio cuando jugaba con mis amigos en los recreos. Muchos de esos juegos eran parte de nuestros momentos compartidos. Me hubiese gustado un poco más de narrativa, tal vez historias más extensas, antes que el formato tipo instrucciones, ya que en ocasiones sentía que estaba leyendo un recetario. A pesar de eso, es muy fácil de leer. Casi no te das cuenta de lo que vas avanzando hasta que miras los números de las páginas. Una muy buena lectura para aquellos que quieren recordar su infancia. También es ideal para niños y jóvenes que quieran nuevas ideas para el recreo.
"Divewertido y volver a la infancia con los nietos"
Este libro es literalmente un viaje directo a la infancia. No es solo un recopilatorio de juegos antiguos: es una máquina del tiempo emocional. Cada capítulo mezcla cómo se jugaba con recuerdos reales, humor y esa sensación de recreo eterno que ya casi no existe. Desde El Pañuelito hasta Policías y Ladrones, Gallinita Ciega o Veo, veo, todo está contado con una nostalgia súper cercana y visual. Lo que más me gustó es que el libro no intenta “explicar juegos”; intenta hacerte sentir lo que era crecer sin pantallas, cuando un patio y cuatro amigos bastaban para crear un mundo entero. Frases como “Éramos felices. Sin filtros. Sin pantallas.” resumen perfectamente el alma del libro. Además, el tono es muy cálido, divertido y fácil de leer. Parece que alguien te está contando recuerdos en voz alta mientras tú también empiezas a recordar los tuyos. Y las ilustraciones refuerzan muchísimo esa atmósfera nostálgica. Es un libro perfecto para: gente que creció en los 70, 80 o 90, padres y abuelos que quieren enseñar juegos de antes, o cualquiera que necesite una pausa de tanta tecnología y quiera volver, aunque sea por un rato, a la magia del recreo. Sinceramente, más que leerlo… se siente.
"Un libro necesario para la infancia"
Este libro no habla solo de juegos. Habla de una manera de estar en el mundo que, sin darnos cuenta, se va perdiendo. Saltar la comba, jugar al escondite, dibujar la rayuela en la vereda, correr hasta escuchar los propios latidos del corazón. La autora recorre cada juego paso a paso, pero lo hace desde un lugar íntimo. No se limita a decir cómo se juega, sino qué se siente al jugarlo: la ansiedad antes de que te encuentren, la alegría de ganar, la frustración controlada, la complicidad con los amigos. A medida que uno avanza, no solo entiende los juegos, sino que empieza a recordar los propios. El libro despierta una memoria que no es solo mental, sino corporal: el cuerpo casi recuerda cómo saltaba, cómo corría, cómo se escondía. Es un libro para leer con los hijos, pero también para regalar, para guardar y volver a leer para despertar viejas emociones. En una época dominada por las pantallas, esta obra funciona como un recordatorio delicado de que la infancia puede ser otra cosa: un espacio de juego real, de vínculos, de descubrimiento.
"Volver a jugar de verdad"
Hay libros que no se leen solo con los ojos, sino con el cuerpo y la memoria. Este fue uno de ellos. Desde las primeras páginas sentí una mezcla de nostalgia, alegría y ganas inmediatas de levantarme de la silla. Cada capítulo es como abrir la puerta a un recreo eterno, de esos donde el tiempo no importaba y la risa mandaba. Me sorprendió lo fácil que es reconocerse en sus escenas: las carreras, las reglas inventadas, los tropiezos, las carcajadas compartidas y esa felicidad sencilla que hoy parece tan lejana. La lectura es ágil, cercana y muy visual. No hay prisas ni artificios, solo el placer de recordar y de imaginar a niños (y adultos) volviendo a moverse, a jugar y a conectar sin pantallas de por medio. Me gustó especialmente cómo transmite la emoción del juego colectivo, esa sensación de pertenencia y de libertad que se queda contigo incluso al cerrar el libro. Es una invitación sincera a recuperar lo esencial y a compartirlo con otros. Un libro que se disfruta, se revive… y dan ganas de poner en práctica.